Cambiar algo todos los días

Por: Javier Darío Restrepo

En su momento no lo entendí; solo ahora siento que comencé a ver el periodismo con otros ojos después de aquel encuentro en que, al hablar sobre el taller de ética que íbamos a comenzar, Gabriel me dijo con una certeza total: “hacen una sola cosa, como el zumbido y el moscardón”. Se refería a las relaciones entre la ética y la técnica en periodismo.

Después de ese momento y a lo largo de los dos días de taller, sus aportes enriquecieron la visión del periodismo que entre todos construíamos. Él escribía entonces “Noticia de un secuestro” y nos hacía caer en la cuenta, sin teorizar y con el simple recuento de su trabajo, que no basta escribir los datos de una historia. Toda noticia, concluíamos, tiene el material necesario para cambiar la vida de la gente. “Ser periodista es tener la oportunidad de cambiar algo todos los días”, decía. Pero además, la forma de la noticia debe ser bella y atractiva, con la capacidad para atrapar al lector desde el primer renglón.

Hoy siento que de esa mirada distinta del periodismo hace parte la idea de que lo importante no es difundir la noticia antes que la competencia –esencia del síndrome de la chiva- sino darla bien, con los datos exactos y con palabras tan precisas como las piezas que ensambla un joyero: cada una en su lugar exacto y con su belleza a la vista. Calidades puestas al servicio del lector.

Pocas veces había encontrado a alguien tan convencido de que la tarea del periodista es servir al lector con el tributo de las palabras como medios para develar la realidad. Esa voluntad de servicio me explica la reacción de sus lectores de todo el mundo y de todas las lenguas y la profundidad de este silencio que sentimos ante su muerte. Es un silencio habitado por una presencia y unas palabras que no mueren.